No nos engañemos

No nos engañemos“, por Lucía Etxebarría

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Cooperación andaluza

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Més sobre sanitat catalana

Sembla ser que la revista cafèambllet i els seus editors s’asseuran a la banqueta dels acusats, i aquest pdf de la vergonya és un dels motius.

M’adhereixo al manifest “Volem respostes, no demandes”

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Las luces se apagan en Atenas – Petros Markaris

Lúcido artículo de Petros Márkaris en ElPaís  sobre la sociedad griega

Las luces se apagan en Atenas

En Grecia, además de nuestro Parlamento con sus siete partidos políticos, existe un sistema no parlamentario que forman cuatro partidos: son los cuatro pedazos en los que se ha quedado dividida nuestra sociedad después de 18 meses de crisis económica. El creciente agravamiento de la crisis y la lucha diaria por la supervivencia no han logrado acortar las distancias entre estas partes. Muy al contrario, la brecha que las separa es cada vez mayor. Y, aunque se crean coaliciones entre ellas, hay también guerra en las trincheras.

» En primer lugar, encontramos el ‘partido de los beneficiarios‘, al que pertenecen todos esos empresarios que se han beneficiado del mercantilismo político durante los últimos treinta años, especialmente las empresas de construcción. Éstas vivieron su apogeo en el preludio de los Juegos Olímpicos de 2004, cuando se aprovecharon de un Estado que se veía obligado a pagar a un precio inusitado cualquier encargo urbanístico. También pertenecen al partido de los beneficiarios las empresas que abastecían a los servicios públicos, por ejemplo, aquellas que suministraban productos farmacéuticos y equipos médicos a los hospitales estatales. Hasta hace muy poco tiempo los griegos no eran conscientes del volumen de dinero que se ha despilfarrado en este sentido. Hasta ahora eran los hospitales los encargados de comprar las medicinas y los equipos médicos. Ahora el Ministerio de Sanidad ha establecido que la adquisición de productos se realice a través de Internet y ha puesto a disposición de las instituciones 9.937.480 euros, una suma que se adecua al volumen de gasto que se había venido generando hasta el momento. Sin embargo, esta operación ha revelado que el precio real de los medicamentos solo asciende a 616.505 euros, es decir, un 6,2% de la cantidad que se había invertido anteriormente. Sin las nuevas medidas de contención del gasto todo habría continuado como antes, puesto que precisamente estos beneficiarios, las empresas de construcción y los proveedores de las clínicas, formaban una coalición con el partido del Gobierno y con sus ministros que no funcionaba nada mal.

Todos en el aparato del Estado sabían de la existencia de estos contactos y del coste que suponían para la sociedad, pero todos callaban. No solo porque los partidos se embolsaban así enormes donativos, sino porque estos sectores corruptos financiaban campañas electorales a los diputados, quienes a su vez se aseguraban buenos puestos de trabajo para sus familiares.

El desolador paisaje de negocios vacíos comienza a ser un elemento común

Al partido de los beneficiarios también se le podría denominar partido de los defraudadores, pues todos ellos lo son sin excepción, especialmente los trabajadores autónomos con ingresos elevados, como médicos o abogados. Cuando un griego va a la consulta de un médico, éste le informa: “La visita son 80 euros, si quiere factura, entonces serán 110”. Y así, la mayoría de los pacientes renuncian a la factura y se ahorran treinta euros. Debido al acuerdo entre estos profesionales y el partido del Gobierno, las autoridades callan y hacen la vista gorda.

Mientras tanto, el conjunto de los ciudadanos sin recursos no deja de crecer. Muchos de ellos no pueden ni siquiera costearse sus medicamentos. ¿Qué hacen entonces? Recurren a la organización Médicos sin Fronteras, que proporciona de forma gratuita algunas medicinas. Las dos clínicas de Médicos sin Fronteras que existen en Atenas están pensadas para asistir a inmigrantes sin recursos, que llegan a Grecia desde África en barcas de remos. Pero cada vez son más los griegos que piden ayuda. Algunos días hay casi mil personas haciendo cola en Médicos sin Fronteras.

Entre ellos, por ejemplo, diabéticos que ya no pueden permitirse comprar insulina. La miseria de los inmigrantes se extiende a los griegos. Hasta hace apenas medio año, cuando me asomaba a la calle desde el balcón de mi casa, veía a inmigrantes que revolvían entre los cubos de basura, en busca de algo para comer. En las últimas semanas, se han unido a ellos cada vez más griegos. No quieren revelar su miseria, por eso hacen su ronda a primera hora de la mañana, cuando las calles están casi desiertas.

Algunos días hay casi mil personas haciendo cola en Médicos sin Fronteras

Está claro que los beneficiarios y los defraudadores no tienen tales preocupaciones. Apenas sienten que el país está en crisis. Antes de que Grecia entrase en esta situación, ya habían trasladado su dinero al extranjero. Mientras que los bancos griegos han perdido en los últimos 18 meses alrededor de 6.000 millones de euros, los bancos extranjeros —especialmente los suizos— se frotan las manos.

Y también son los beneficiarios quienes, en evidente sintonía con el Partido Comunista, abogan por el retorno del dracma. Cuentan con multiplicar su riqueza y poder así comprar, con toda tranquilidad, una importante parte del patrimonio del Estado, que —ya sea con euros o con dracmas— deberá ser privatizado forzosamente, pues el Estado carece de recursos.

Una tercera —y fatal— coalición la forman el Gobierno griego y los agricultores, que también son a su vez miembros del partido de los beneficiarios. Desde la entrada de Grecia en la Comunidad Económica Europea (CEE) en el año 1981 todos los gobiernos griegos se han quejado del destino de sus “pobres campesinos” y han proclamado que éstos merecían una vida mejor. Hace tiempo que estos agricultores se han asegurado una vida mucho mejor, gracias a las subvenciones agrícolas de la Unión Europea.

En muchos bloques de viviendas ya no se enciende la calefacción

Dichas subvenciones se repartían de forma arbitraria, sin revisar y sin comprobar si los subsidios solicitados se correspondían con la producción real. Los agricultores enterraban sus productos, proporcionaban cifras falsas y se llevaban el dinero. Además, el Banco Agrícola Griego les otorgaba generosos créditos que, a día de hoy, todavía no han sido devueltos.

Mientras, en el Gobierno, los amigos de los agricultores no ejercían presión alguna, porque los votos del campo eran muy valiosos. En la actualidad el Banco Agrícola está en quiebra y estos campesinos se pasean por su pueblo en sus Jeep Cherokee.

» El segundo de los cuatro partidos en los que Grecia se divide en la actualidad podría denominarse el partido de los honrados, aunque yo prefiero llamarlo el partido de los mártires. A este partido pertenecen los dueños de pequeñas y medianas empresas, sus trabajadores y los pequeños autónomos, por ejemplo los taxistas o los técnicos. Ellos rebaten la opinión, tan extendida en Europa, de que los griegos son unos comodones y se zafan del trabajo. Trabajan duro y pagan religiosamente sus impuestos. Sin embargo, aunque el partido de los mártires es el mayor de los grupos no parlamentarios, no es lo suficientemente fuerte para aliarse con nadie. Por eso lo explotan por todas partes. Son los que mayores sacrificios realizan a causa de la crisis, por eso me gusta llamarlos mártires.

Por todas partes es posible ver largas colas de taxis a la espera de clientes

El mayor golpe para la pequeña y mediana empresa es la recesión. El desolador paisaje de las tiendas o negocios vacíos comienza a ser un elemento común en todos los barrios de Atenas, incluso en las zonas comerciales más elegantes. Por ejemplo, la calle Patission. La Patission, como la llaman los atenienses, es la más antigua de las tres calles en las que se divide el centro de la capital y se considera el bulevar de la clase media. Como vivo por esa zona, conozco muy bien la calle. La Patission estaba siempre muy mal iluminada, pero no importaba porque los escaparates brillaban con luz propia. Estos días, por la noche la calle está oscura como boca de lobo: uno de cada dos comercios ha cerrado y los que todavía siguen abiertos, intentan sobrevivir a golpe de ofertas especiales.

En la calle Aiolous, una vía también situada en el centro y que siempre había constituido un destino comercial para aquellos con menos ingresos, la situación es aún más terrible. Quedan todavía algunas tiendas, pero están vacías, los clientes no acuden a comprar. Así que la calle Aiolous se ha convertido en una zona peatonal sin peatones. “¿Cuánto tiempo podré aguantar?”, me preguntaba la dueña de una pequeña tienda de ropa de caballero en la que entré a comprar calcetines. “Pueden pasar días hasta que aparece un cliente”. En los últimos tiempos, uno vacila mucho antes de entrar en un comercio, porque, tan pronto como se ha cruzado el umbral, el dueño o los dependientes le bombardean a uno con lúgubres noticias.

La dueña de la tienda de ropa de caballero no aguantó mucho: cuando el sábado pasado regresé a la calle Aiolous, su negocio también había cerrado. Una amiga de mi hermana trabaja en una pequeña empresa especializada en la construcción de viviendas. Es la única empleada: el dueño se ha visto obligado a despedir al resto del personal. ¿Quién quiere construir casas cuando por todas partes hay viviendas en venta que tampoco compra nadie? Hace siete meses que la amiga de mi hermana no cobra su sueldo, sin embargo, está feliz porque, al menos, conserva su puesto de trabajo.

Un sistema basado en su nepotismo tóxico ha destrozado al pueblo

Lo peor para los miembros del partido de los mártires es el desánimo. Han perdido la esperanza. Para ellos, tras la crisis no se esconde perspectiva alguna de alcanzar un futuro mejor. Cuando uno habla con ellos, no es posible dejar de pensar que solo están esperando a que llegue el final. Cuando una gran parte de la sociedad no logra reunir el optimismo necesario, significa que la vida es en verdad agobiante. En muchos de los bloques de viviendas en los que viven ciudadanos con ingresos escasos o moderados ya no se enciende la calefacción. Las familias carecen de dinero para gasóleo, o prefieren utilizarlo para otras cosas. Yo no conduzco. Tengo un taxista que me lleva o me recoge del aeropuerto. Su nombre es Thodoros, no está casado y vive solo. (…) “Mire yo pago por el alquiler de este taxi 350 euros a la semana. Trabajo los siete días, pero solo me llega para pagar el alquiler. Muchas veces tengo que poner yo mismo dinero”.

A los griegos les gusta ir en taxi, porque es muy barato. Por 3,20 euros se puede llegar a cualquier lugar en el centro de Atenas y una carrera un poco más larga nunca cuesta más de seis euros. Hasta hace medio año, en las horas centrales del día era casi imposible encontrar un taxi libre. Ahora por todas partes es posible ver largas colas de taxis a la espera de clientes, no solo al mediodía, sino también por la noche y durante el fin de semana. Y esto no es lo peor.

La recesión no es la única preocupación de los mártires. A pesar de que sus negocios ya no rinden, están obligados a pagar sus tributos por partida triple: primero, el Impuesto sobre la Renta, después diferentes impuestos adicionales y, por último, un complemento de solidaridad. Un impuesto este, el de solidaridad, que el año próximo deberán abonar en dos ocasiones, mientras que otro impuesto indirecto, el IVA, se incrementó dos veces durante el año pasado. Mientras que los defraudadores no pagan nada o casi nada de estos impuestos adicionales o del complemento de solidaridad, porque muchos no presentan la declaración de Hacienda o disfrazan una gran parte de sus ingresos, los ciudadanos honrados no pueden casi ni respirar.

Vamos a sacrificar a tres generaciones en nombre de la crisis

Al grupo de los mártires pertenecen también los empleados y los trabajadores en paro del sector privado. En la actualidad, son muy pocos los trabajadores griegos a los que se les paga puntualmente su sueldo. La mayoría lo cobra en pequeñas cantidades y con un retraso de varios meses. Y todos pasan grandes dificultades y, sobre todo, viven angustiados, con el temor de que la empresa donde trabajan se vaya a pique de un día para otro.

La contención del consumo y la falta de créditos ha frenado el crecimiento económico del país y, por este motivo, son muchas las pequeñas empresas que se hunden estos días. Desaparecen, pero no se llevan consigo las numerosas deudas contraídas. Mi cuñado, representante de moda infantil, me contaba entristecido que solo la pasada semana había vivido tres casos semejantes. Es desesperante. Ahora, delante de las oficinas de empleo, se ven largas colas de parados que cada mes aguardan pacientemente la orden de pago con la que el banco debe transferirles su subsidio. Sin embargo, nunca pueden tener la certeza de que el pago llegue a principios de mes. A veces, tienen que esperar algo más para cobrar sus 416,50 euros, pues el número de parados no deja de crecer y a las oficinas de empleo se les termina el dinero.

Tras el colapso del aparato estatal y, sobre todo, del sistema fiscal, el Ministerio de Hacienda tuvo la brillante idea de cobrar impuestos a través de la factura de la luz. A quien no paga sus impuestos, se le corta la luz. He visto imágenes en la televisión griega de personas mayores que hacían cola en las oficinas de la compañía eléctrica para pagar el primer tramo de sus impuestos. Me entraban ganas de llorar. “El primer tramo asciende a 250 euros”, decía un hombre de unos sesenta y tantos años a la cámara. “A mí me dan una pensión de 400 euros, ¿cómo voy a vivir durante todo un mes con los restantes 150?”.

La contención del consumo y la falta de créditos han frenado el crecimiento del país

En ese momento, recordé mi regreso a Grecia en los años sesenta. Entonces me recibió una de las más curiosas estampas que uno pueda imaginar: de los tejados de alquitrán de muchas de las casas de una planta que poblaban los barrios obreros sobresalían llamativas varas de hierro. Eran horribles, pero representaban una promesa: el sueño de la segunda planta. El sueño del apartamento para el hijo o la hija en el piso de arriba. Durante toda su vida esa gente había ahorrado dinero para hacer realidad ese sueño, sacrificando cada céntimo. Y ahora se lo están quitando. Un sistema político en ruinas basado en su nepotismo tóxico y su falsa riqueza ha destrozado la dignidad de un pueblo.

» Otro partido es el partido de los Moloch, cuyos miembros han sido reclutados entre las filas del aparato estatal griego y sus empresas. El partido se divide en dos grupos. Al primero de ellos pertenecen los funcionarios y los empleados de los servicios públicos y las empresas estatales. En el segundo grupo se encuentran los sindicatos. El partido de los Moloch es el brazo no parlamentario del gobierno y el garante del sistema mercantil, pues está compuesto principalmente por cuadros y funcionarios del partido. (…)

El sistema tiene una historia muy larga, que se remonta al final de la guerra civil, en los años cincuenta. Fue entonces cuando los nacionalistas, ganadores en la contienda, llenaron la Administración de compañeros de trinchera y fieles correligionarios. Era el premio por su lealtad a los ideales nacionalistas.

Todos los Gobiernos griegos han comulgado con la política de enchufes

Después, en 1981 —poco después de la entrada de Grecia en la CEE— llegó al poder el primer gobierno del partido socialista, el Pasok. (…) Según este partido, tras el largo dominio de los partidos de derechas, el aparato estatal estaba condicionado para rechazar las fuerzas liberales y resultaba imposible gobernar si su gente de confianza no ocupaba los puestos clave en la Administración. Sin embargo, no se conformaron solo con los puestos clave, y muy pronto todo el aparato estaba en manos de miembros del Pasok y sus contactos. Casi uno de cada dos militantes del partido obtuvo durante estos años un puesto en la Administración.

Desde entonces, todos los gobiernos han comulgado con esta política de enchufes, hasta los primeros meses de la crisis. Hasta entonces había suficiente dinero, gracias a las subvenciones de la CEE y más tarde de la Unión Europea. Cuando el dinero escaseaba, se cubrían los agujeros a golpe de crédito.

La mayoría de los miembros del partido en la Administración no trabajan o hacen solo lo indispensable. Una amiga, ingeniera en un organismo estatal, me contaba su experiencia: hace un año llegó un nuevo compañero a la oficina. El primer día anunció: “Queridos compañeros y compañeras, he olvidado todo lo que aprendí en la universidad”. No trabajó ni un solo día y aquello no pareció contrariar a ningún superior.

La mayoría de los miembros del partido en la Administración no trabajan, o hacen solo lo indispensable

Pero el partido de los Moloch está dividido. Una parte se sentiría mucho más cómoda en el partido de los mártires. Se trata de esos funcionarios que no accedieron a sus puestos a través de contactos en el partido, sino que tuvieron que realizar una oposición. Son los únicos funcionarios que trabajan de verdad, en ocasiones llevando la carga de dos o tres compañeros que son miembros del partido. Son las víctimas del sistema. (…)

» El cuarto y último partido de la sociedad griega es el que más me preocupa. Es el partido de los desesperanzados: los jóvenes griegos, sentados todo el día frente al ordenador, buscando en internet, desesperados, un trabajo, sea donde sea. No son emigrantes como sus abuelos, que en los años sesenta llegaron a Alemania desde Macedonia y Tracia para buscar trabajo. Estos jóvenes han ido a la universidad, algunos incluso tienen un doctorado. Sin embargo, cuando terminan la carrera se van directos al paro. (…)

Ya sea a causa de la recesión, de las medidas de contención del gasto, del recorte de la deuda o de las reformas, el caso es que vamos a sacrificar a tres generaciones en nombre de la crisis. Hoy son los jóvenes los que más pierden; mañana lo seremos nosotros, porque en algunos años nos faltarán las fuerzas para seguir luchando. (…)

Las generaciones nacidas después de 1981 no han crecido en una época de verdadera miseria, sino de falsa riqueza y les entra un ataque de pánico cuando tan solo se insinúa la palabra “renuncia”. La pobreza les resulta tan ajena como el desierto.

La espada de Damocles se publica en septiembre en español y está editado por Tusquets.

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Funcionario responde a un tal Beteta

Carta de un funcionario de carrera a un político digital:

Carta al individuo llamado Antonio Beteta:

Con sorpresa, estupor y fuera de mi jornada laboral leo sus declaraciones acerca de los funcionarios y, como le veo muy crecido, he decidido responderle del mismo modo y comienzo diciéndole que es usted un mal nacido, y ahora me explico.
Mi nombre es Agustín González, soy funcionario de carrera desde hace 32 años y presto mis servicios en el Ayuntamiento de Arganda del Rey. Al día de hoy mi salario neto está en torno a 1.150 Euros mensuales, gracias a que cobro 10 trienios a 13,47 Euros brutos cada uno, es decir, que si quitamos los 134,70 de antigüedad me queda un sueldo pelado de
1.000 Euros.
Desempeño las funciones que me han sido encomendadas en función de mi categoría (Antes Grupo E, ahora AP) con la mayor diligencia que mi corto conocimiento me da. Trabajo desde las 8,30 h. hasta las 17,30, disponiendo de una hora para comer. También tengo establecido un tiempo para el desayuno dentro de mi jornada de trabajo, que aprovecho, aunque no en su integridad para tomarme un cafelito y un bollo. ¿Sabe por qué?. Pues porque es mi derecho. Eso sí, si alguien precisa de mis servicios durante ese tiempo de desayuno, dejo aparcado el cafelito y atiendo el requerimiento sin hacer un mal gesto, porque me considero un profesional íntegro.
Yo no leo el periódico en mi puesto de trabajo, pero para su desconsuelo le diré que si
lo leo cuando llego a casa, con ello aprendo a conocer a individuos como Usted y me entero de lo que pasa por el mundo. Yo dedico 8 ó 10 minutos de los del desayuno a tomarme el cafelito, en lugar de la media hora que me corresponde.
Yo no considero que esté de más en mi puesto de trabajo, ya que estoy yo solo para un  centro educativo de 24 aulas en el que tengo que encargarme de la apertura y cierre de instalaciones, ejercer la discreta vigilancia, atender y dirigir a las personas que pasan por el
Centro, efectuar las operaciones de mantenimiento simple y comunicar con diligencia aquellas que no pueda reparar, controlar el buen funcionamiento de la calefacción, trasladar mobiliario y mantener la limpieza de un recinto de entre 6.000 y 7.000 m2.
Yo no creo que gane mucho, y al salario arriba indicado le remito. Yo no me creo que viva bien y si es así es porque en su momento me supe administrar. Yo no soy feliz en mi trabajo, asisto a él por imperativo legal y porque el salario a fin de mes es el que me hace feliz cuando me lo gasto en lo que me da la gana.
Finalmente, y en mi modesta opinión, yo no creo que sobren funcionarios.
Ahora bien, si lo que Vd. entiende por funcionarios no son personas como yo, sino individuos puestos a dedo como Vd., o como sus amiguitos del alma a los que instalan cómodamente en un despacho en el que no se sabe a que se dedican, con unos sueldos 4
veces superiores al mío, con dietas y teléfono pagado por la empresa (yo cuando tengo que establecer una comunicación urgente lo hago con mi teléfono privado y si me tengo que desplazar lo hago con mi coche sin cobrar nada a cambio), porque sus salarios también van incluidos en la nómina del funcionariado y son los que elevan las cifras y pertenecen por tanto al presupuesto (que no al cuerpo de funcionarios), una pléyade de políticos inútiles como Vd., de enchufados y parientes puestos a dedo por Vd. y gentuza como Vd., de militantes del partido colocados en las empresas públicas sin pasar por oposición ni por
prueba de aptitud alguna, sino simplemente por el hecho de ser amigos de Vd. y de personajillos como Vd. Entonces claro que estoy de acuerdo en que sobran funcionarios, empezando por Vd. y su maestra de ceremonias, la Sra. Aguirre, que fue la escuela en la que aprendió Vd. a ensuciar la imagen de los honrados funcionarios a los que año tras año nos vienen vilipendiando y reduciendo o congelando el salario hasta habernos hecho casi imposible sobrevivir.
Sobran eurodiputados, sobran Ministerios sin funciones, sobran secretarios, subsecretarios, sobran Consejerías, sobra el Senado entero y una buena parte del Congreso. Sobran las Diputaciones, sobran concejales con dedicación exclusiva y con las mismas prerrogativas y sueldos que si fuesen ministros. Sobran Coordinadores, Asesores y Amiguitos del alma. Sobran ladrones que dilapidan el dinero de los administrados o simplemente se lo llevan a su cuenta de Belice, Suiza o Las Caimán. Sobran Gurtels, Emersas, Brugales, ERE’s. Sobra su condescendencia con los ladrones que evaden impuestos concediéndoles amnistias fiscales. Sobra su permisividad con los Aliertas, Botines, González, etc. a la hora de facilitarles las jubilaciones anticipadas a cuenta del contribuyente, o a la hora de regalarles nuestro dinero por su mala gestión. Sobran enchufados sin capacidad para desempeñar labores que al final tenemos que realizar los “FUNCIONARIOS DE VERDAD”. Sobran dietas, sobran coches oficiales, sobran los guardaespaldas para empleados de Telefónica, sobran los sueldos vitalicios de los expresidentes y los de los exministros.
Y también sobran los cuadros de los Presidentes del Congreso, sobran las subvenciones a las fiestas taurinas, a las fallas y a la Iglesia. Sobra gentuza como Vds., que lo único que son es una lacra para este país llamado España.
Por el contrario no solo creo que no sobran, sino que faltan Médicos, Profesores, Inspectores de Hacienda y de Trabajo, buenos administrativos para agilizar la atención a los ciudadanos, barrenderos, jardineros y falta un mínimo de vergüenza en individuos como Vd.
Por todo ello, no puedo ni voy a permitir que un mequetrefe impresentable como usted ponga en duda mi honradez profesional demostrada a lo largo de 32 años con gobiernos del Partido Comunista, Izquierda Unida, Partido Popular y Partido Socialista, cuando la de ustedes está en entredicho en tanto que lo resuelvan los tribunales correspondientes.

EL SR. BETETA HA DICHO ANTE LA PRENSA QUE “LOS FUNCIONARIOS SE HAN DE MENTALIZAR QUE SE LES ACABÓ EL CAFELITO Y EL PERIÓDICO” EN RELACIÓN CON LA PROLONGACIÓN DE JORNADA.

ESTE ES SU CURRICULUM:

D. ANTONIO GERMÁN BETETA BARREDA
Nacido en Madrid el 28 de mayo de 1955. Abogado y Asesor de Empresas. Casado, con un hijo.

Estudios: Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto.

Experiencia profesional:

1.  Diputado en la Asamblea de Madrid desde 1983 a 2000;
2.  Desde el 2003 hasta la actualidad. Portavoz del Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea de Madrid (2003 a junio de        2008).
3.  Senador por la Comunidad de Madrid (2003 a junio de 2008).
4.  Consejero de Hacienda de la Comunidad de Madrid (1995 a 2000).
5.  Secretario General de Política Fiscal Territorial y Comunitaria del Ministerio de Hacienda (2000-2003).
6.  Consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid (2008-2011).
7.  Desde 2011 Consejero de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid
8.  Actualmente Secretario de Estado de Administraciones Públicas, con el Gobierno de Mariano Rajoy
9.  Lleva cobrando del Estado toda su vida.
10. Vida profesional privada: cero.
11. Oposiciones al Estado: cero.

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Querido señor Presidente:

Un article molt interessant de José Luis Sampedro:

Querido señor Presidente

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Política ve de πόλις

I per això el que estan fent en aquest vídeo és POLÍTICA, de la bona, de la que implica un interès per tot allò que afecta el funcionament de la πόλις, la civis, la comunitat. Per cert, el contrari del  πολίτης, el “ciutadà”, és el ἰδιώτης, d’on ve “idiota”, aquell que no es preocupa per la polis, sinó només per si mateix.

El major robatori de la història de Catalunya I

¿Dónde está mi dinero, President?

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Más sobre funcionarios

Texto que me ha llegado por correo:

El desprecio político al funcionariado

FRANCISCO J. BASTIDA CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL.
UNIVERSIDAD DE OVIEDO.

Con el funcionariado está sucediendo lo mismo que con la crisis
económica. Las víctimas son presentadas como culpables y los
auténticos culpables se valen de su poder para desviar
responsabilidades, metiéndoles mano al bolsillo y al horario laboral
de quienes inútilmente proclaman su inocencia. Aquí, con el agravante
de que al ser unas víctimas selectivas, personas que trabajan para la
Administración pública, el resto de la sociedad también las pone en el
punto de mira, como parte de la deuda que se le ha venido encima y no
como una parte más de quienes sufren la crisis. La bajada salarial y
el incremento de jornada de los funcionarios se aplaude de manera
inmisericorde, con la satisfecha sonrisa de los gobernantes por ver
ratificada su decisión.

Detrás de todo ello hay una ignorancia supina del origen del
funcionariado. Se envidia de su status -y por eso se critica- la
estabilidad que ofrece en el empleo, lo cual en tiempos de paro y de
precariedad laboral es comprensible; pero esta permanencia tiene su
razón de ser en la garantía de independencia de la Administración
respecto de quien gobierne en cada momento; una garantía que es clave
en el Estado de derecho. En coherencia, se establece
constitucionalmente la igualdad de acceso a la función pública,
conforme al mérito y a la capacidad de los concursantes. La expresión
de ganar una plaza «en propiedad» responde a la idea de que al
funcionario no se le puede «expropiar» o privar de su empleo público,
sino en los casos legalmente previstos y nunca por capricho del
político de turno. Cierto que no pocos funcionarios consideran esa
«propiedad» en términos patrimoniales y no funcionales y se apoyan en
ella para un escaso
rendimiento laboral, a veces con el beneplácito sindical; pero esto
es corregible mediante la inspección, sin tener que alterar aquella
garantía del Estado de derecho.

Los que más contribuyen al desprecio de la profesionalidad del
funcionariado son los políticos cuando acceden al poder. Están tan
acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones
personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los
funcionarios que se encuentran. Con frecuencia los ven como un
obstáculo a sus decisiones, como burócratas que ponen objeciones y
controles legales a quienes piensan que no deberían tener límites por
ser representantes de la soberanía popular. En caso de conflicto, la
lealtad del funcionario a la ley y a su función pública llega a
interpretarse por el gobernante como una deslealtad personal hacia él
e incluso como una oculta estrategia al servicio de la oposición. Para
evitar tal escollo han surgido, cada vez en mayor número, los cargos
de confianza al margen de la Administración y de sus tablas
salariales; también se ha provocado una hipertrofia de cargos de libre
designación entre
funcionarios, lo que ha suscitado entre éstos un interés en alinearse
políticamente para acceder a puestos relevantes, que luego tendrán
como premio una consolidación del complemento salarial de alto cargo.
El deseo de crear un funcionariado afín ha conducido a la intromisión
directa o indirecta de los gobernantes en procesos de selección de
funcionarios, influyendo en la convocatoria de plazas, la definición
de sus perfiles y temarios e incluso en la composición de los
tribunales. Este modo clientelar de entender la Administración , en sí
mismo una corrupción, tiene mucho que ver con la corrupción
económico-política conocida y con el fallo en los controles para
atajarla.

Estos gobernantes de todos los colores políticos, pero sobre todo los
que se tildan de liberales, son los que, tras la perversión causada
por ellos mismos en la función pública, arremeten contra la tropa
funcionarial, sea personal sanitario, docente o puramente
administrativo. Si la crisis es general, no es comprensible que se
rebaje el sueldo sólo a los funcionarios y, si lo que se quiere es
gravar a los que tienen un empleo, debería ser una medida general para
todos los que perciben rentas por el trabajo sean de fuente pública o
privada. Con todo, lo más sangrante no es el recorte económico en el
salario del funcionario, sino el insulto personal a su dignidad.
Pretender que trabaje media hora más al día no resuelve ningún
problema básico ni ahorra puestos de trabajo, pero sirve para
señalarle como persona poco productiva. Reducir los llamados
«moscosos» o días de libre disposición -que nacieron en parte como un
complemento salarial
en especie ante la pérdida de poder adquisitivo- no alivia en nada a
la Administración , ya que jamás se ha contratado a una persona para
sustituir a quien disfruta de esos días, pues se reparte el trabajo
entre los compañeros. La medida sólo sirve para crispar y desmotivar a
un personal que, además de ver cómo se le rebaja su sueldo, tiene que
soportar que los gobernantes lo estigmaticen como una carga para salir
de la crisis. Pura demagogia para dividir a los paganos. En contraste,
los políticos en el poder no renuncian a sus asesores ni a ninguno de
sus generosos y múltiples emolumentos y prebendas, que en la mayoría
de los casos jamás tendrían ni en la Administración ni en la empresa
privada si sólo se valorasen su mérito y capacidad. Y lo grave es que
no hay propósito de enmienda. No se engañen, la crisis no ha corregido
los malos hábitos; todo lo más, los ha frenado por falta de
financiación o, simplemente, ha forzado
a practicarlos de manera más discreta.
Francisco J. Bastida.
Catedrático de Derecho Constitucional.
Universidad de Oviedo.

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Rebelión

Tal como dicen sobre su publicación:

Rebelión pretende ser un medio de información alternativa que publique las noticias que no son consideradas importantes por los medios de comunicación tradicionales.

También, dar a las noticias un tratamiento diferente en la línea de mostrar los intereses que los poderes económicos y políticos del mundo capitalista ocultan para mantener sus privilegios y el status actual.

Se pueden econtrar artículos tan interesantes como éste:

Silencio, se defrauda: 16.000 millones de euros anuales

David Fernández (20-12-2011)
Traducción por S. Seguí para Rebelión


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A favor dels funcionaris

Article de Roger Palà a Nació Digital.cat

A favor dels funcionaris

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